PASTEL DE MIEDO: por qué nos gustan horror movies? Parte 2

LA RECETA

Ahora, si vemos las estructuras que activan el estado de miedo son el hipotálamo (puede ver más detalles aquí), y la amígdala, sobre la cual quiero escribir hace tiempo, pero no he logrado hasta ahora.

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La parte ulterior del hipotálamo tiene las neuronas que generan las reacciones de miedo o las de agresión, que en si son dos caras de la misma moneda porque estamos hechos de tal manera que a un suceso peligroso, real o potencial, podemos reaccionar solo de dos manera: huir o atacar. El cerebro primero detecta la situación peligrosa, y luego decide atacar o escapar. Las neuronas que generan el pánico se encuentran a un milímetro de las que generan rabia. 

Recordemos que el hipotálamo es el rey de nuestro cuerpo, y por ello se encarga de las reacciones de defensa ante todo al nivel vegetativo y endocrinológico funcionando a la par con la amígdala que se encuentra debajo de la corteza en los lóbulos temporales y es allá a donde se dirigen las señales sobre el peligro, real, potencial o imaginario las que la amígdala reconoce de manera innata. Al reconocerlas como tales, la amígdala informa al hipotálamo para que éste activa las reacciones correspondientes.

El balance de la actividad de la amígdala con la de otras partes del cerebro determina el nivel de nuestra agresividad la cual es un componente importante de nuestro temperamento y de la personalidad. En este sentido podemos tener una escala desde una agresividad total hacia una pasividad total, aunque los extremos rara vez se observan en personas normales.

¿Que es mejor, atacar o huir y esconderse? Desde el punto de visto biológico, quizá, la segunda opción requiere menos gastos energéticos. Además, el ataque conlleva posibles traumas y heridas, así que, en la naturaleza, si puedes evitar la pelea, evítala. Muy rara vez un depredador ataca por atacar. Si no está hambriento, no siente amenazado y sus crías no están en peligro, normalmente un tigre o un oso o un hipopótamo evita el ataque. 

Lo interesante es que la amígdala es muy sensible hacia diferentes pronósticos del peligro de lo cual aprovechan los marquetólogos que nos venden todo tipo de protección, empezando con lentes y terminando con alarmas y cajas de seguridad para sismos de 25 grados de magnitud. (sí, yo sé, no existen los 25 🙂 pero el exagerar despierta las mentes 🙂 Los políticos igual prefieren asustarnos sabiendo que las reacciones de miedo nublan nuestras mentes y no dejan razonar. Las religiones se basan en miedo, la educación tradicional se forma en base de prohibiciones como formas de proteger a los niños contra posibles acciones que podrían amenazar sus vidas. Además, al menos en educación tradicional, se temía a la figura paterna / materna o del tutor/ profesor porque los castigos eran muy tangibles. En este caso por medio del miedo aprendemos no hacer algo, o hacer algo para no recibir palazos o correazos o no sé con qué más se puede castigar a los niños. Mis padres me castigaban dejando de hablar conmigo, y me dolía el alma y me daba miedo volver a experimentarlo. 

DAÑOS COLATERALES

Ya vemos que el miedo es el producto muy necesario para la supervivencia de cada uno, es la señalización que advierte sobre las situaciones peligrosas, pero mucho miedo puede despedazar nuestra actividad psíquica: si el cerebro no tiene tiempo para liberarse de la tensión y de los químicos producidos como la respuesta, los mismos que en porciones pequeñas pueden ser muy estimulantes. Para ello, básicamente vemos las películas de terror. Pero si el miedo se repite y se repite y si se intensifica encima, poco a poco el sistema vegetativo del organismo se agota en el nivel endocrinológico y así aparecen problemas con el sistema cardiovascular y un desbalance hormonal que puede terminar en una profunda depresión y otras alteraciones de nuestra psiquis. 

INGREDIENTE SECRETO

Como el pez Fugu en nuestro plato, el miedo es bueno pero en cualquier momento puede matar si no sabemos manejarlo bien. En este sentido, la reacción defensivo – pasiva es la mejor, y el cerebro promedio la prefiere. Si tenemos miedo, nos escondemos (literal o-metafóricamente) o escapamos. Si esto nos permite evitar el peligro, el cerebro nos premia con sensaciones de alivio y bienestar proporcionados por la noradrenalina, el mediador de emociones positivas en la situación de post peligro. Este mismo neurotransmisor nos asegura una buena velada cuando vemos una película de terror: al verla, sí experimentamos el miedo real, pero siempre sabemos que estaremos bien al final. Lo irracional se mezcla con lo racional y por más que se nos paran los pelitos y se dilatan las pupilas, la noradrenalina realiza el balance perfecto que nos hace disfrutar el miedo.

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12 comentarios

  1. Vaya con la noradrenalina ¡¡¡ tu siempre me descubres cosas nuevas☺, a mi que no me gustan nada las pelis de miedo…lo que si me gusta es el mecanismo que se activa en situaciones de peligro, es la noradrenalina también? es una sensación de miedo que anuncia el peligro, como una intuición, no se si me explico. Un abrazo Alona y pasa muy buen finde😊

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