El sexto sentido, parte dos: INTEROCEPCIÒN I (cosas raras del cuerpo)

Mis lectores ya saben que el cerebro usa los sistemas sensoriales para recibir la informaciòn del mundo exterior: el pobre està encerrado dentro del cráneo sin acceso directo al universo. Pero muchos piensan que solo tenemos los 5 sentidos principales, y quizàs, el sexto para detectar los fantasmas. Sin embargo, existe otro mundo, no menos importante que el exterior para el cerebro: el mundo de su cuerpo para dirigir y monitorear el cual originalmente èste se desarrolló. La inteligencia, la cogniciòn y la creatividad son bonus que recibimos en el caminito empeñado de nuestra evoluciòn, pero el área del trabajo original para el cerebro es el mundo de nuestros órganos, internos y externos (aunque para el cerebro, todos son internos). 

Asì que, a parte de los sistemas sensoriales tradicionales (que son màs de 5, pero hoy no hablaremos de esto) tenemos una red sensorial interior constituida por diferentes tipos de receptores que recogen la info de los órganos internos, tales como los intestinos, las paredes vasculares, o la vejiga, para llevar al cerebro. Tambièn tenemos los receptores instalados directamente en el cerebro que analizan la composiciòn química y la temperatura de la sangre (hace poco hablamos del balance hidroelectrolìtico  y, en otra ocaciòn, sobre el porcentaje de glucosa en la sangre). Asì que podemos decir, que existe un sexto sentido, interior, la interocepciòn – la forma de evaluar el estado de nuestro organismo, nuestro cuerpo, para mantener nuestro homeostasis. 

Evolutivamente, se formaron los parámetros normales de la temperatura, la composición química, la presiòn arterial, la concentraciòn estable del oxígeno, etc, etc, para que el cuerpo en general, y el cerebro, la parte màs delicada del organismo, en particular, se sienten de mejor manera. Con este objetivo se formaron diferentes tipos de receptores y los mecanismos de regularizaciòn homeostática. 

Y, por supuesto, todo esto controla ya es tan conocido por mis lectores el rey del cuerpo, el hipotàlamo. Pequeño, sì, pero como dice el refrán popular: màs vale el chiquito jugueton, que el grandote mongonzon. En el hipotàlamo se encuentran los centros de regularizaciòn endocrino y el vegetativo. La termoregularizaciòn tambièn es la tarea del rey. Al lado de los centros de sed del hipotálamo se ubican las células que miden la temperatura de la sangre que debe mantenerse alrededor de 36.6º C. Si èsta se eleva, se activa la dilataciòn de los vasos sanguíneos y las sudoraciòn. Si es al revès, el sistema simpático hace que los vasos sanguíneos se contraen, nos ponemos pálidos y temblamos. 

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Existen muchos receptores que reaccionan a la concetraciòn del oxígeno y del dióxido de carbono en la sangre. Cuando realizamos alguna actividad fìsica, el nivel del oxígeno baja, y del dióxido, sube, asì que empezamos a respirar màs profundo y frecuente recuperando el oxígeno procesado.  Por su puesto, es individual y depende del estado general del cuerpo: yo, por ejemplo, puedo subir al piso tres corriendo y no sentir ninguna alteraciòn en la respiraciòn todo gracias a los ejercicios que hago sistemáticamente. Pero hay personas que al correr 3 metros ya empiezan a respirar como el elefante exitado. Aún asì, el principio es el mismo: el esfuerzo fìsico nos hace gastar el oxígeno y para recuperarlo, tenemos que respirar màs intensamente, y de todo esto se encargan los receptores especiales en las partes reptiles del cerebro. 

La concentración elevada del dióxido de carbono indirectamente indica la disminución del oxígeno, sin embargo, tenemos receptores para el oxígeno también, porque esta proporciòn es suficiente en situaciones regulares, sin embargo, en el contexto de la atmósfera con una menor concentraciòn de oxígeno ( en las alturas), la cantidad del dióxido de carbono no sube, pero el nivel de oxígeno baja, así que es necesario tambièn tener estos receptores. 

El tema pondrà màs interesante aún (jeje) en la segunda parte, donde hablaremos de las neuronas del tracto digestivo.

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This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

10 comentarios

  1. ¡Muy interesante el artículo, Alona! No me había puesto a pensar sobre la ardua labor de nuestro cerebro para mantener todo bien en nuestro cuerpo. Y muy divertida la referencia de los elefantes excitado. ¡Nos leemos en la segunda parte! ¡Un saludo! 😀

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