CÓMO MANTENER SOBREPESO Y SEGUIR ENGORDANDO. Parte 1.

¿Qué podemos hacer para mantener el sobrepeso, y con este adorable carga conseguir la presión alta, la varices, las alteraciones hormonales, la grasita en el hígado para que poco a poco sus células vitales se transformen en los tejidos fibrosos que a lo largo cambien el trabajo de este órgano importante y nos dejen morir en sufrimientos? Qué podemos hacer para apuntarnos a la diabetes, graves problemas coronarios, la artrosis y, por qué no, la infertilidad?

No creen que es muy fácil, pero hoy les explico en detalles por qué podemos hacerlo, cómo funciona y qué hacer para lograrlo. De acuerdo con la línea general de este blog, partiremos de nuestro maravilloso cerebro ya que alla inicia todo, y también termina todo.¿ Listos?

SERES FLACOS

Para engordar tenemos que esforzarnos muchísimo yendo contra nuestra naturaleza, así que tod@s l@s gordit@s deben sentirse orgullos@s por haber logrado conseguir tantos kilos demás. Desde nuestro antepasado más lejano (estamos hablando de cerca de 65 millones de años atrás) el purgatorius,nos hemos desarrollado como primates viviendo en el medio ambiente natural para primates  — entre las ramas de los árboles tropicales. Estos árboles son muy altos, y las ramas, por general, son delgadas. Eso implica que los que saltan por estas ramas, deben ser livianos.

Evolutivamente formamos un sistema de control de hambre y saciedad cuya tarea tambièn incluye controlar la cantidad de grasa corporal acumulada que puede ser fatal para el mono que salta de una rama a otra. El centro de control se encuentra en el hipotálamo a donde llega la señal hormonal emitido por el tejido adiposo en forma de la hormona leptina. Más tejido adiposo (grasa corporal) tenemos, menos hambre sentimos. Por su puesto, no es el único mecanismo de regularización de hambre, pero de otros hablaremos en adelante. Total seguiremos hablando del hipotálamo. Entonces, ya vemos que en un primate, en norma, el aumento de la cantidad de la grasa corporal automáticamente provoca la disminución del apetito.

resultados de las patologías relacionadas con la ausencia de la leptina

Eso funcionaba y sigue funcionando con los monos a la perfección, y tambièn existe en nosotros, pero con algunos peros ya que existen patologías en relación con la leptina: hay personas en las cuales la leptina no se produce.  Es una patología severa que termina en estados de sobrepeso peligrosos para la salud cuando una persona puede llegar a pesar medio tonelada o más. Los resultados muy similares tiene la patología de la insensibilidad a la leptina: cuando la leptina se produce, pero el hipotálamo no la reconoce, por lo tanto no recibe la información del estado corporal en relación con la grasa acumulada.

Felizmente, no es nuestro caso, nuestra gordura no es mórbida. Al menos , hasta ahora. No acumulamos los kilitos porque no funciona el mecanismo para controlar el hambre y sociedad. Simplemente, nos gusta comer. Pero, ¿por què seguimos comiendo con todos estos adorados rollitos y la papada? Nos acaban de explicar que este mecanismo nos debe parar y punto.¿ Nos engañaron de nuevo?

SERES HAMBRIENTOS

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Más o menos hace 7 millones de años, nuestros antepasados se pararon en dos piernas y pasaron a la sabana. O más bien, pasaron a la sabana y tuvieron que pararse en dos piernas. La cantidad de comida y su accesibilidad habían disminuido drásticamente. Ya no tuvimos aseguradas tres comidas al día y el lonche después de las 4 de la tarde. La comida venía o no venía, y solo el dios sabía cuándo comeremos de nuevo. Lamentablemente, ni el dios todavía había sido inventado. Para aquel entonces, el cerebro había evolucionado durante más de 50 millones de años recibiendo su porción de alimento regularmente así que en nuevas condiciones tuvo que hacer ajustes. La preocupación principal ya no era engordar, sino, morir de hambre. Así que sobrevivían los que tenían la capacidad de comer más que los demás.

Todos los animales disfrutan la comida de su manera, pero solo el ser humano la llevó al nivel de culto, de arte, al nivel de la felicidad. Aunque sí recordemos las caras contentas de los gatos luego de comer rico, creo que éstos están cerca. ¿Cómo pasó?

Nuestro cerebro crecía y crecía, pidiendo más y más energía, porque su trabajo se volvía más y más complejo. La condición vital número uno para el cerebro hasta ahora es recibir la glucosa permanentemente. Para lograrlo, el cerebro nos motiva a consumir los carbohidratos, orientandonos al sabor dulce y asegura su posición prioritario, VIP, diría yo, para el acceso directo a esta fuente de la energía. Como así
? se hicieron los ajustes internos gracias a los cuales, si la concentración de glucosa en la sangre baja menos que 0.1 %, este azúcar solo se consume por el cerebro. El resto de las células tienen que esperar. Mientras esperan, la corteza activa el comportamiento alimenticio motivando la búsqueda de la comida. Y luego, cuando la encontremos, nos motiva a comer mucho, todo lo que encontremos.

La sabana africana

Por qué? Imaginen la sabana. No hay árboles frutales, no hay bayas, no hay verduras dulces. Los carbohidratos son escasos. Por lo tanto, lo mejor que podría hacer el cerebro es motivarnos a comer todo lo que encontremos. Nadie contó con la civilización que llegó demasiado pronto, y el cerebro sigue el esquema seguro: nos hace disfrutar la comida dulce. Nos inspira a buscarla, y al encontrarla, tan escasa y tan inaccesible como la miel, por ejemplo, nos dice: NO TE LIMITES, COME, COME.

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la miel, el único dulce natural comparable con el azúcar

La glucosa se puede acumularse en el hígado en forma de glucógeno en cantidades suficientes para aguantar el hambre de un día. Si no llega la comida, en 3 días más o menos, el cuerpo empieza a utilizar la grasa acumulada para extraer la energía, empieza a reducir la grasa corporal para extraer la energía. Esta grasa se acumula gracias a los excesos del consumo de los carbohidratos y de la grasa animal. Esta grasa animal tampoco està tan accesible en la sabana. Para obtenerla, hay que trabajar muy duro. Predeciblemente, para la comida grasosa se aplica la misma estrategia: encontraste la comida, muy bien, come, come, buen chico. No hay más? Disfruta la llenura. Duerme. Descansa. Asimila. Por qué pasa esto? Porque la comida en naturaleza, en la sabana, no es tan accesible como en la jungla. Para que en lugar de morir de hambre, corramos detrás de la carne, el cerebro nos da abundate dopamina que nos llena de las emociones positivas, sensaciones muy placenteras, ganas de vivir; nos motiva a seguir. Y le hacemos caso. Casi siempre. Con mucho gusto.
Nos convertimos en seres cuyo mayor placer era comer, porque la comida era la prioridad en la lucha de supervivencia. Innatamente, nos gusta la comida dulce y grasosa. Con esta preferencia alimenticia nacen todos los bebés humanos, listos para engordar.

Continuará…

12 comentarios

    • muchas gracias. creo que conocer todo esto nos ayuda a dirigir nuestra vida un poco más racional, no deprimirnos en caso cuando no se logran las cosas que planteamos sabiendo que siempre se puede cambiar la estrategia. el cerebro nos da cierto poder para hacer nuestra vida mejor, y es importante saber qué podemos hacer y cómo. gracias por la visita y comentario. arbrazoteeee

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  1. Más que interesante.
    No tenía tiempo de leerte, pero aquí estoy, encantada con esta inmersión en las jugadas del cerebro y el acúmulo de comida.
    Espero que más adelante nos cuentes cómo entrenamos al cerebro para dejar de comer dulces. ¡Esa es mi cruz !.

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    • gracias!!! es tan gratificante recibir sus comentarios!!! 🙂 respecto los dulces, dos reglas: no tenerlos en casa, nunca. yo no como dulces, ni me provoca por general, pero si por alguna extraña razón aparecen en casa, no paro hasta comer todo 🙂 el sabor dulce es muy atractivo para el cerebro, es la fuente de energia segura y, en naturaleza muy escasa. Y otra regla: no dejar que niveles de glucosa bajen mucho, es decir, no experimentar el hambre: distribuir las comidas durante el dia de tal forma que nunca llegues a tener mucha hambre. y sí, no dejar de comer los carbohidratos. un gran abrazo en la distancia 🙂

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  2. Yo tuve un insulinoma que me bajaba el azúcar en sangre y las glucemias medían 22 en ocasiones ( se considera hipoglucémia por debajo de 40 ). Sin embargo no había aprendido que comiendo se me pasaban los temblores, el sudor frío, el mareo o visión borrosa.
    No recuerdo que el cerebro me pidiera comer para resolver las bajadas de glucosa pero hay que reconocer que en esa época estaba metido en una A.N. ( algunos llaman ANA ). Estuvo a punto de costarme la vida porque un día mientras esperaba a mi hija me puse a cruzar la carretera confuso y mareado, saliendo de entre unos vehículos que tapaban mi cuerpo y una furgoneta me pasó rozando a gran velocidad. Ahí me quedé tieso del susto y luego crucé pensando el triste espectáculo que hubiera visto mi hija al salir del instituto para encontrarse con su padre aplastado.
    Pero en fin, comer o no comer. Comer más que un heliogábalo, como una lima o como un pajarito. Eso son necesidades, no dilemas.
    Para mucho comer habría que tener más hambre que los pavos de Manolo, que se fueron detrás del tren creyendo que era un gusano.

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