Vamos por un traguito? Parte 1. Cerebro y alcohol.

¡Bebe vino! Lograrás la vida eterna.

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El vino es el único capaz de restituir la juventud.

¡Divina estación de las rosas, del vino y de los buenos amigos!

¡Goza del instante fugitivo de tu vida! 

Omar Khayyam, 1048 – 1131

Las bebidas alcohólicas existían en todas las culturas, y , junto con la comida, participaron siempre en todos los acontecimientos importantes de la vida de las personas. La bondad del vino, el carácter bonachón de la cerveza, la nobleza del whisky, lo atrevido del ron, todas estas frases expresan nuestra estrecha relación con el alcohol y las capacidades casi antropomórficas atribuidas a éste por la humanidad. La palabra alcohol, para variar, tiene el origen árabe. Sin duda alguna,  los árabes habían construido una super civilización, una pena que ahora todo se esfumó. Los árabes destilaban el vino, mejorando los procesos empleados por los griegos, aquellos griegos del Mundo Antiguo 🙂 y el producto de la destilación, usado para fines medicinales, llamaron al-kohol. Más adelante, los europeos también han aprendido las técnicas de destilación, perfeccionándose para llegar a las obras maestras y el orgullo nacional de los aguardientes: los brandy,  el whisky, la ginebra, el ron. Mientras tanto, la palabra alcohol poco a poco pasó del vocabulario cotidiano, al técnico y el científico.

Desde los tiempos muy lejanos, se sabía que las bebidas alcohólicas eran viciosas, que su exceso era dañino, el consumo sistemático podría llevar a la degradación de la personalidad con la consecuente exclusión social del borracho. Sin embargo, la el alcohol en su esencia llevaba siempre un toque de sacralidad.

Como ya dije, celebrar con alcohol es una tradición con raíces que se pierden en los rincones remotos de nuestra historia. El sacramento de la la iglesia cristiana, católica y ortodoxa, se torna alrededor de la distribución del pan y el vino entre los fieles.

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Básicamente, el acto en que se manifiesta la relación entre el hombre y el dios, se realiza usando la bebida alcohólica.  Creo que no necesitamos más ejemplos para resaltar el rol del alcohol en las culturas y civilizaciones. Por alguna extraña razón, los humanos han relacionado el efecto de alcohol con algo divino, algo sublime, a veces, con el arte, a veces, con la expresión de nuestro interior. El alcohol puede ser chusco, puede ser fino, brusco o elegante, femenino y masculino.  Como si fuera parte de nosotros. Bueno, la percepción subconsciente siempre es la más precisa, aunque el hemisferio derecho no sabe cómo explicarlo de manera verbal. Veremos de cerca de qué se trata todo este enredo con el alcohol. Es divino, o es diabolico?

Sabían que en el plasma de una persona que nunca ha tomado ni una gota de alcohol, se encuentra 0.01% de esta substancia y si hablamos en promiles, es 0.1%.? Esta cantidad aparece en nuestro cuerpo como el producto de la desintegración de glucosa. Por tanto, el alcohol no es una molécula intrusa en el cuerpo, y para su descomposición, degradación o la asimilación, tenemos fermentos especiales que nos protegen cuando tomamos.

El alcohol no es un neurotransmisor, pero actúa poderosamente sobre las células nerviosas. Esto se debe ante todo a la naturaleza dual del alcohol respecto sus características solubles: la mayoría de las moléculas se disuelven o en el agua, o en las grasas, y esta capacidad determina su ubicación en nuestro cuerpo, por ejemplo, en la citoplasma, o en las membranas de las células, o en las capas lipídicas. El alcohol se disuelve y en el agua, y en las grasas, por lo tanto puede llegar a cualquier lugar de nuestro cuerpo, incluyendo al lugar más sagrado, nuestro cerebro, sin mayores problemas. Las moléculas del alcohol se incrustan en las membranas celulares, modifican el funcionamiento de muchos receptores y los canales de iones, afectando el trabajo de los neurotransmisores inhibidores del sistema central nervioso.

Veremos el caso promedio del efecto del alcohol desde el punto de vista del trabajo de las células nerviosas. La dosis mínima, de 10-20 unidades de alcohol — 50 g de whisky,

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150 g de vino, 400 g de cerveza aproximadamente — ante todo afecta a las neuronas dopamínicas. Son las más sensibles al efecto del alcohol, por lo tanto la dosis pequeña de alcohol provoca la activación dopamínica. La dopamina es el neurotransmisor que responsabiliza por la actividad motora y las emociones positivas, por lo tanto la mayoría de las personas sienten aliviados, desestresados, más relajados como si hubieran sacudido de encima los problemas y el cansancio del día: el efecto es psicoestimulante. Es la dosis recomendable, con la cual hay que parar y hacer cualquier otra cosa, al menos hasta que el alcohol se procesa y se evacua del cuerpo.

Pero casi todos siguen llegando ya a la dosis regular, de 20 a 80 de unidades alcohólicas. En este momento, a parte de la activación del sistema dopamínico, se activa progresivamente el sistema de GABA. El GABA es el transmisor inhibidor más importante del sistema nervioso central, con su activación se inicia el efecto tranquilizante del alcohol. Es el motivo por el cual muchos buscan tomar tragos al final del día largo y tenso de trabajo, o el fin de semana después de entregar un proyecto importante. Este motivo se registra como el motivo principal para el consumo de las bebidas alcohólicas.

Si no paren en este momento, el consumo se describirá como la dosis grande, de 60 a 80 g del equivalente alcohólico, estamos hablando de 250 g de whisky. Al tomar esta cantidad, el consumidor afecta todas sus sistemas mediadoras aunque los resultados son individuales. Algunos se ponen muy agresivos, otros lloran, algunos buscan sexo. A veces dicen que el borracho demuestra su personalidad verdadera, pero es discutible: la personalidad es una combinación de los aspectos internos y los situacionales del cerebro sano. Un cerebro bajo los efectos del alcohol, una sustancia psicotrópica,  es un cerebro alterado, enfermo y vulnerable.

Si esta sustancia se consume con regularidad, es decir, varias veces en la semana, en dosis regulares a grandes, los sistemas neurotransmisores empiezan a reaccionar a la activación de la dopamina y el GABA y de esta manera empieza a desarrollarse la dependencia, llamada el alcoholismo.

Es un tema del cual me gustaría hablar de manera especial, en mi próximo post.

Y ahora, vamos por un traguito ?

16 comentarios

  1. Reblogueó esto en SENDERO blogy comentado:
    Tomo una botella de vino
    Y me voy a beberla entre las flores.
    Siempre somos tres,
    Contando a mi sombra y a mi amiga, la luna.
    Cuando canto, la luna me escucha,
    Cuando bailo mi sombra también baila.
    Terminada la fiesta…
    Los invitados deben partir.
    Yo, desconozco esa tristeza.
    Cuando marcho a mi casa,
    Siempre somos tres,
    Me acompaña la luna y me sigue mi sombra.

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  2. Si mal no recuerdo en las culturas prehispánicas la bebida sagrada era el pulque, un fermetado que se extrae del maguey, cuando reicen sale, se le llama agua miel, por su sabor dulce, poco viscoso, a medida que se fermenta va umentado sus fortaleza. En aquellos tiempos solo estaba permitido beberlo en ancianos o bien en ceremonias, Hay grandes mitologías aztecas. El pulque permite combinaciones con frutas a los que se llama curados. ” deme un curado de tuna” Actualmente aún existen establecimientos que los venden se les nombra Pulquerías. Abrazo y felicidades.

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  3. Reblogueó esto en En la diversidady comentado:
    150 g de vino, 400 g de cerveza aproximadamente — ante todo afecta a las neuronas dopamínicas. Son las más sensibles al efecto del alcohol, por lo tanto la dosis pequeña de alcohol provoca la activación dopamínica. La dopamina es el neurotransmisor que responsabiliza por la actividad motora y las emociones positivas. | https://sociales.gijon.es/page/10501-calculador-de-alcoholemia

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