Cómo endorfinas juegan con nosotros. Parte 2. En búsqueda de las puertas secretas

Sabemos que el sistema central nervioso organiza la comunicación entre sus células mediante las sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Las neuronas emiten una señal especial, y otras, con los receptores específicos, la reciben. En el siglo 20 el cerebro humano, por fin, empezó a ser estudiado desde diferentes perspectivas, incluyendo su química, de esta manera aprendimos cómo funciona el sistema de comunicación neuronal. En cierto momento se hizo claro que tenemos un grupo de receptores sensibles a la molécula de morfina que entra al cerebro como si fuera su casa y actúa en las zonas de control del dolor, y en las zonas de las emociones positivas justamente porque la reciben como si fuera de familia. Estos receptores fueron llamados opioides gracias a su compatibilidad con la morfina, el componente principal activo del opio. La morfina afecta los estados cerebrales produciendo la analgesia y la euforia, por lo tanto se esperaba encontrar algo endógeno, similar a la morfina, un neurotransmisor que  actúa en conjunto con estos receptores. Finalmente, en años 70 del siglo pasado se descubrieron las endorfinas – los neurotransmisores como la oxitocina o la dopamina, pero químicamente,  muy distintas a ellas: la mayoría de los transmisores son aminoácidos o derivados de los aminoácidos que significa que son moléculas muy pequeñas. Las endorfinas son péptidos, las cadenas de 5 a 15 aminoácidos. Son conjuntos moleculares mucho más grandes que otros neurotransmisores. Hasta aquel entonces, solo se conocían las hormonas péptidos, como la insulina o la hormona de crecimiento. Así que relativamente tarde la humanidad encontró los péptidos producidos por el sistema nervioso central.

Se observó que aun siendo péptidos, las endorfinas tenían una estructura mucho más simple que la molécula de morfina. Esta diferencia era todo una incógnita para los científicos hasta que después de sólidos estudios de las endorfinas, se registraron cuatro puntos cruciales que las asemejaban con la molécula de morfina. Es decir, la morfina imita estos puntos y, gracias a la imitación, se conecta con los receptores opioides. Por lo tanto, siendo muy diferentes, las endorfinas y la morfina tienen el mismo principio de acción y la misma forma para llegar a los receptores. Es toda una historia de espionaje molecular: la amapola hizo una llave no péptida para abrir el receptor que reacciona a los péptidos.


4 comentarios

  1. En general considero un misterio de la naturaleza como diversas especies vegetales y por tanto ajenas a la nuestra, pueden contener remedios para curar o alterar el funcionamiento cerebral sin un plan premeditado. ¿O será que sí lo tienen?

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